Dicen que la escuela no debe esconder lo que pasa en la actualidad social. Estoy investigando que es lo que se trabaja en el colegio, si de verdad decidimos formar personas o robots. Sin tratar lo que pasa realmente dentro y solo nos ceñimos al libro, a los contenidos.
Hoy, he pasado una vez más por las aulas para hacer unas entrevistas a los alumnos de sexto y quinto. Simplemente sobre mi trabajo de fin de grado, que trata sobre la educación en valores. Quería comprobar si de verdad se trabaja en la escuela y de qué forma. Los niñños dicen cosas muy interesantes, proponen ideas, se lo toman en serio y lo respetan.
Pero, especialmente tengo debilidad por una clase de sexto en la que me siento muy a gusto hablando, a demás de que les encanta debatir. Después de hablar sobre los valores, me han pedido que me quedara. Está claro que no querían dar francés, era última hora de la tarde y les encanta poder pelarse asignaturas, pero como estaban participativos y esta semana, realmente son días tontos, se lo hemos permitido. Me he quedado una hora más, y de verdad, es tan gratificante... Lástima que se valore tan poco este trabajo.
La cuestión es que me han propuesto dos temas para debatir. El primero de ellos sobre el acoso escolar y el segundo las drogas. Sí, son niños de 12 años pero lo han pedido. Yo como fiel a mis principios, he decidido hablar sobre ello, como si hablara con personas adultas, porque en ese momento al menos, conmigo se han comportado como tal. He alucinado con la cantidad de cosas que sabían, que ven en la televisión, que oyen...
Una experiencia que recomiendo a todo profesor que pueda dedicar una hora de tutoría a sus niños, que por cierto, lo piden a gritos, y en mis encuentas está la respuesta.
Sean felices.
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